Enseñando a nuestros alumnos a ser puntuales

¡Saludos cordiales!

Me encanta poder llegar a cada uno de ustedes a través de este medio y hoy quiero compartir un tema muy importante que he estado observando durante estos últimos tiempos: La puntualidad. Cada día se hace más difícil ser puntuales y llegar a tiempo a nuestras actividades debido a la cantidad de tráfico que se ha acrecentado en nuestra ciudad. Ahora debemos levantarnos más temprano y planificar mas tiempo para trasladarnos de un lugar a otro, esto sin tomar en cuenta algunos accidentes o eventualidades que podamos encontrar en el camino. Pero que pasa cuando cada día llegamos tarde y nos acostumbramos a poner excusas? ¿Qué pasa cuando la impuntualidad se vuelve un hábito? Algunas veces hasta nos molestamos porque nos llaman la atención o nos dejan de atender a causa de nuestras llegadas tarde. Todos tenemos el derecho de excusarnos cuando por alguna eventualidad no hemos podido cumplir con la puntualidad pero debemos evitar que esto se vuelva un mal hábito. Últimamente he observado que algunos alumnos han ingresado después de la hora de entrada y se han perdido de los primeros minutos de clases y bajan de sus vehículos aturdidos y asustados porque saben que ya es tarde y no están cumpliendo con esta responsabilidad.

La puntualidad es un valor importante porque se refleja la integridad de una persona. La palabra “puntualidad” simplemente significa “a tiempo”, o actuar como se debe en una hora determinada.

Muchas, pero muchas personas tienen un problema con la puntualidad. Ellos dicen que no pueden levantarse a tiempo, que nunca pueden entregar a tiempo cualquier cosa: que su automóvil se averió, o que un elefante rosa escapó del zoológico y bloqueaba el tráfico, etc. Ellos creen que cualquier excusa compensará a la persona quien ha tenido la inconveniencia de esperar. De hecho, cuando alguien es habitualmente impuntual, la persona que espera  bien podría estar pensando:  “Juan no me respeta lo suficiente para que llegue a tiempo”. “Juan no piensa que mi cita es lo suficientemente importante para que sea puntual.” “Juan es un egoísta.” “Me frustra esperar por Juan porque él está mal gastando mi tiempo.” “Juan no tiene palabra.” “No volveré a incluir a Juan en mis planes de nuevo porque no es alguien en quien pueda confiar.” “Advertiré a los demás sobre la tardanza de siempre de Juan”.

Personas respetuosas y responsables no piensan que ser puntual es un problema. El problema es con aquellos a quienes no les gusta que les digan qué hacer. La decisión recae en cómo ellos se relacionan con la otra persona u organización y si hay alguna consecuencia por no cumplir. Una persona que llega habitualmente tarde siempre llega a tiempo a las entrevistas de trabajo por necesidad y quieren crear una buena impresión inicial. La razón de llegar tarde a clase puede ser porque al estudiante no ha dormido lo suficiente, o puede ser porque no se dejaron las cosas preparadas desde la noche anterior, o es posible que piense que puede copiar los apuntes a otro. Sea cual sea la razón, es todo y solo sobre ellos.

¿Cómo podemos enseñar a nuestros hijos a ser puntuales?

Como padres necesitamos estar seguros que inculcamos el valor de la puntualidad. Pero también necesitamos ser puntuales nosotros mismos. Necesitamos explicarles a nuestros hijos qué significa ser puntual y las razones por las qué necesitamos ser puntuales todo el tiempo. Necesitan entender cómo se sienten los demás cuando no se llega a tiempo. La puntualidad debe de ser una regla familiar o vista como un valor central.

La regla podría ser: “ser puntual en esta familia significa que todos llegamos a tiempo, o  antes, a las reuniones. Significa que entregamos papeles, pagamos recibos y hacemos nuestros trabajos y quehaceres cuando se nos pide; que nos damos el tiempo suficiente para terminar antes de las fechas límite o llegar a reuniones pactadas; que nos hacemos responsables por nuestra tardanza y que nos disculpamos, además no damos excusas patéticas; que aceptamos las consecuencias agradecidamente si no pudimos llegar a tiempo y finalmente, que recordaremos cancelar o reponer  aquellas citas en las que sabemos que no podremos llegar a tiempo”.

El incumplir con la regla significa que habrá consecuencias, pero la puntualidad debe de ser reforzada por el alabo y la recompensa para que de esta forma se convierta en algo cotidiano.

Siempre es un placer trabajar con aquella gente que siempre llega a tiempo. Sea formal o causal, llegar a tiempo motiva la unión en una amistad, en un equipo, o en una situación laboral. Nuestros hijos necesitan ver esta cualidad en nosotros y aprender ser de la misma manera. Todos experimentamos mucho más de la vida cuando no lo desperdiciamos en ser impuntuales.

Querida familia MAO tomemos el tiempo para reflexionar en familia y hagamos el trato , seamos puntuales y demos el ejemplo.

Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo. Eclesiastés 3

Con cariño,

Miss Marinita

 

Tomado y traducido desde http://www.forefrontfamilies.org/content/view/179/9